Durante las últimas décadas del siglo XVIII se tomaron medidas para limpiar la Ciudad de México. Sin embargo, los intentos de crear sanitarios en cada vecindad -llamadas entonces lugares comunes-, de construir albañales y atarjeas o de designar los depósitos de basura no llegaron muy lejos.
La mayor parte de la población citadina mostró indiferencia ante las modernas teorías que veían el aire como un vehículo transportador de miasmas y agentes nocivos para el bienestar de la población. Para un sector de ésta, los residuos orgánicos que producía la urbe eran materia reutilizable. En este trabajo sugieren las referencias culturales con que pudo haber vivido la población dieciochesca.
Fue solamente un siglo después de los bandos dictados por el segundo Conde de Revillagigedo cuando la ciudad pudo empezar a transformar su tradicional configuración; los higienistas decimonónicos retomaron los escritos y mapas que heredaron de sus ancestros, ¿ fue necesario un siglo para que la población comenzara a hacer suyas las prácticas de limpieza?
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